Milanka
Aún recuerdo su mirada tímida
y la sonrisa con la que me robó el corazón
en nuestro primer encuentro,
cuando tan solo pronunció su nombre:
"Milanka".
Otro encuentro y una actuación torpe:
"¡Anda!, ¿tú por aquí? No te había visto".
Mi sonrisa, su mirada baja,
confesión muda de su timidez.
Ya no recuerdo cuántas veces
en un día infernalmente caluroso,
pasaba por su calle desierta,
solo para encontrarla "por casualidad".
Su sorpresa, y mi actuación,
tercer encuentro y una invitación a salir,
aunque irradiaba pura ingenuidad,
cada gesto suyo era como un coqueteo.
Un largo paseo, nervios de chiquillo,
solo al despedirnos un beso robado,
sus brazos alrededor de mi cuello, como aprobación,
tuvo suerte este ladrón entonces.
Zera Princ
